En una charla que tuve con el director de planeación logística del corporativo una de las empresas importantes en Alemania, me contó una teoría interesante que desarrolló trabajando en México durante varios años respecto a la cultura de trabajo de nuestro país: “El problema” – me dijo – “es que en México, si naces rico, es muy difícil que dejes de serlo. Por lo tanto, ¿qué incentivo puedes tener para querer sobresalir? Y por otro lado, si naces pobre, por más que te esfuerces, es muy difícil que tengas las oportunidades para sobresalir, entonces, ¿para qué esforzarse?”

Su comentario me dejó pensando, ¿cómo llega una persona en su puesto y con su experiencia a quedarse con esa idea sobre México? Ya que no puedo decir que coincido con su punto de vista por diferentes razones y muchas excepciones de personas que he conocido.

Desde 2013 hemos hecho avances significativos en materia educativa, laboral, fiscal, en telecomunicaciones y energía con las diferentes reformas estructurales. Esto tendrá un impacto del 1.9% en el PIB para 2018 según estimaciones de la SHCP.

Ya ocupamos el lugar #8 en generación de ingenieros a nivel mundial y el #16 en ranking de universidades. En 2014 ya éramos la economía global #15 con un PIB de 1.3 trillones de dólares. Y tanto Bloomberg como The Economist estiman que podemos alcanzar los 9.8 trillones de dólares y el lugar #8 del mundo para 2050. Apenas detrás de Brasil y Alemania.

Gracias a nuestra envidiable ubicación geopolítica y económica, logramos 12 tratados de libre comercio con 49 países. Hemos construido 117 puertos, casi 17 mil kilómetros de vías férreas, 379 mil kilómetros de carreteras y 58 aeropuertos. Definitivamente vamos por buen camino, lo que me preocupa es la velocidad con la que avanzamos. Parece que nos tomamos muy en serio lo que nos dijo aquel arriero de que no hay que llegar primero mientras sepamos llegar.

¿Por qué nos tenemos que conformar con octavos lugares? ¿Cuántas veces hemos ido a una ciudad a preguntar por el octavo mejor restaurante para ir a comer? ¿O al quinto mejor? ¿O al segundo? Nunca. Siempre queremos ir al mejor lugar. No hay más. Los jóvenes queremos lo mismo para México y no podemos esperar hasta 2050.

Tenemos que acelerar el paso y corregir aquello que nos ha frenado. Basta ya del “ahorita, ahorita”. Esto era para ayer.

A principios de año, el World Economic Forum publicó un artículo donde se destacaba que México es el país en el que más horas se trabaja. Con 2,255 horas de trabajo al año por persona, trabajamos 892 horas más que Alemania, que es el país que menos horas trabaja.

¡Eso equivale a 112 días más por persona!

Sin embargo, Alemania logra mantener altos niveles de productividad. De hecho, se informa que el trabajador alemán promedio es un 27% más productivo que su equivalente británico.

Pero, ¿qué es lo que hace que Alemania pueda trabajar tan poco y ser tan efectivo, a diferencia de México?

Es verdad que hay factores históricos poco favorables de dominación y conquista. Pero no podemos seguir usando eso como excusa para victimizarnos y resignarnos. Alemania también ha tenido períodos difíciles y se ha podido reponer.

En mi experiencia trabajando en ambos países me di cuenta de que hay dos principales razones que generan esta diferencia:

  1. La actitud hacia el trabajo por el temor al desempleo.
  2. El sistema educativo y la formación profesional.

Acerca de la actitud hacia el trabajo

En un estudio que estamos realizando Lite Organization y Collective Academy, nos hemos dado cuenta, hasta ahora, de que la mayoría de la gente no sabe qué es lo que se espera de ellos realmente. Y entre los equipos que sí lo saben, muchas veces lo que falla es el seguimiento.

Definir cuáles son los resultados que esperan de un equipo, comunicárselos y darle seguimiento a su cumplimiento, son labores difíciles. Por lo tanto, los directivos muchas veces prefieren valorar el tiempo que los empleados pasan en la oficina, que es más fácil de medir. La famosa “hora nalga”.

El miedo a ser despedido y las implicaciones socioeconómicas que esto representa, fomentan que los empleados acepten esta condición y trabajen durante más horas. Esto los hace menos efectivos, lo cual los obliga a trabajar más.

Acerca de la formación profesional

¡Ser el #16 en ranking mundial de universidades es inaceptable! Necesitamos fomentar nuevos modelos educativos y regresar al país a las mentes más brillantes.

Más del 13% de los posgraduados mexicanos se ha marchado a Estados Unidos, atraídos por buenos salarios y mejores condiciones de trabajo.”

– El País

El capital intelectual es una de las formas de producción que más plusvalía genera y si queremos ser un país primermundista, tenemos que ser el número uno en este ámbito.

Pienso que es momento de actualizar a la fuerza laboral activa y fortalecer las bases que se le brindan a los jóvenes estudiantes. Para lograr esto, las empresas deben invertir en el desarrollo de los trabajadores y el gobierno debe apoyar iniciativas que suban el estándar de la formación académica en el país.

Por fortuna, son cada vez más las empresas que se preocupan por el desarrollo de sus colaboradores y están dispuestas a invertir en su aprendizaje. Esto no sólo fomenta la innovación e incrementa la productividad, sino que también aporta a la satisfacción laboral de cada uno de los colaboradores. Así, la percepción de crecimiento, que es uno de los principales motivadores profesionales, apoya a que la actitud hacia el trabajo sea más positiva.

Referencias: